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Testimonio: Ignacio Suazo
El ex coordinador general de Calcuta UC nos cuenta de su paso por el proyecto y lo que le dejó a modo personal.
El año que fui coordinador general de Calcuta fue un año muy bonito, porque, si bien no tuve un “apostolado especial” -en el sentido de estar metido en algún taller en específico-, estuve al final en todo: me paseé por las cárceles, por los hospitales, por los hogares y por los siquiátricos más de alguna vez. Me siento muy privilegiado de darme cuenta que en todos esos proyectos –algunos bastante distintos de otros- hay un espíritu común, un amor hacia la persona que es transversal, que se antepone a situaciones difíciles o desagradables: trabajo con algunos enfermos, con algunos internos siquiátricos, con niñas de mal carácter, etc.
Al final se ve que lo que prima son los vínculos, el descubrir algo más detrás de la sonrisa de un niño, el generar empatía con un interno que lo está pasando mal dentro de la cárcel, entre otras cosas. Todo esto es lo que experimenté y lo que despierta en mí una alegría tremenda luego de haber sido jefe. Para mí Calcuta de alguna manera me marcó, no fue una cosa que pasó a la ligera, sino algo que hasta el día de hoy me puede despertar mucha vida, al ser un proyecto que encierra una mística muy especial que lo distingue del resto.







