Decálogo del voluntario 

1. Entrégate con todo tu corazón, con toda tu alma. Haz de ti un instrumento para el amor.


2. Respeta ante todo la dignidad de mi ser y reconóceme como persona única a imagen de Cristo por encima de mis limitaciones.


3. Trátame como te gustaría que te trataran a ti y a quienes más quieres, pues todos somos personas iguales en dignidad.


4. No me juzgues por mi pasado, mis sentimientos, por mi aspecto o mi estado.


5. No temas a mis lágrimas y mis silencios, da gracias porque has permitido que los libere y acoja en ti.


6. Sonríe, no dejes de sonreír, pues así no sólo alegrarás tu corazón, sino el mío también.
 

7. No te sientas conocedor y experto de mi dolor, pues mi sufrimiento es único y personal, respétalo como tal.


8. Comparte mis sentimientos, tanto alegres como tristes, pues aunque no puedas impedir mi dolor, sólo necesito un gesto humano y una palabra cálida para sentirme mejor.
 

9. Respeta el lugar que me acoge, así como a quienes velan por mí, pues así nos ayudarás a todos.
 

10. Y recuerda, “no es la cantidad de lo que hacemos lo que agrada a Dios, sino la calidad del amor que ponemos en nuestra acción” (Madre Teresa de Calcuta).